Uno de los sectores más populares de la isla es el barrio el Cliff. Ubicado en el casco urbano de San Andrés, se erige como punto donde la tradición y la pujanza son insignias. Ahora bien, al igual que muchos de los lugares del departamento, el Cliff alberga también una historia que subyace a lo cotidiano y que le da un barniz de fábula a este sitio.
Tomemos como punto de partida una breve descripción del barrio. El sector debe su nombre a la colina rocosa con la que convive, que tiene más de 30 metros sobre el nivel de aeropuerto (Díaz 1978). En el barrio residen más de 900 habitantes, en su mayoría en viviendas de madera y otras de ladrillo, según datos de la secretaría de planeación departamental.
Ahora bien, la colina de roca con la trastoca el barrio puede verse desde abajo y permite el símil con una muralla impenetrable. En ese inmenso paredón se encuentran cuevas, de longitudes en promedio de 60 metros de alto.
El relato
Más allá de las historias de filibusteros como Luis Aury o Henry Morgan, la cosmogonía del archipiélago guarda algunos relatos que involucran visiones del contexto/tiempo divergentes. Parte de esa memoria viva se encuentra plasmada en algunos libros de texto, como el de Álvaro Valencia Zuluaga, titulado “El folclor de San Andrés y Providencia”. Allí, Zuluaga comenta la leyenda del Cliff.
Cuenta el autor que, en una de las cuevas de la colina, eran escuchados, en una época pasada, sonidos estruendosos que intimidaban a los primeros habitantes del ahora barrio. La incertidumbre se apoderaba de los nuevos residentes e historias sobre grandes bestias que vivían al interior de las cavernas eran la moneda de explicación.
Hoy, quizás, la idea de grandes monstruos al interior de las cavernas de Cliff es hilarante, pero la existencia de la leyenda sirve como espejo retrovisor para tratar de comprender el pensamiento de los antepasados del territorio y, por supuesto, engalanar aún más el extenso folclor que tienen las islas.
Por: Juan David Herrera Menase

