Con 38 años a cuestas y un niño al que dedica cada minuto libre, Frank Howard ha trazado un camino que une pasión, esfuerzo y un profundo compromiso con la pesca artesanal. Originario de Medellín, Frank llegó a Providencia a los 25 años, cargado de sueños y una determinación férrea para sumergirse en el arte de la pesca. A lo largo de casi una década, su habilidad y perseverancia le han permitido no solo adquirir su propia embarcación, sino también ganarse un lugar destacado en la ‘I-Fish Association’, una comunidad de pescadores que valora tanto el esfuerzo como la destreza en el mar. “Legué a Providencia sin mucha experiencia en la pesca, y hoy me considero uno de los mejores”, afirma con un orgullo palpable, testimonio de su incansable dedicación.

El camino de Frank no ha sido sencillo. La pesca artesanal, aunque llena de recompensas, conlleva desafíos considerables. Cada jornada se enfrenta a un clima impredecible, una competencia desleal de la pesca industrial y las estrictas regulaciones impuestas por la Capitanía de Puerto. Estos obstáculos se ven agravados por la amenaza constante de tiburones que dificultan las actividades en zonas de pesca a profundidad. A pesar de estas adversidades, Frank mantiene una actitud positiva, describiendo la pesca no solo como un trabajo, sino como una fuente de profundo disfrute y satisfacción. «Lo disfruto mucho, no encuentro nada mejor», dice con una sonrisa, reflejando el amor que siente por su oficio.
El mar no solo representa una fuente de sustento para Frank, sino también una promesa de un futuro mejor para su hijo. Cada ola y cada pez capturado son un peldaño en la escalera que aspira a construir para su familia. Sin embargo, Frank no puede evitar mirar al futuro con cierta preocupación. La amenaza de la sobreexplotación pesquera y la necesidad de preservar los alrededores de los cayos son cuestiones que lo inquietan profundamente. «Si no dejamos descansar nuestros alrededores y nos aventuramos a pescar en los cayos, nuestro futuro como pescadores estará en peligro», advierte con seriedad, evidenciando su preocupación por el legado que dejará a las futuras generaciones.

A pesar de los desafíos, Frank Howard sigue comprometido con la preservación de la pesca artesanal, tanto como un sustento vital, así como una tradición ancestral. Dedica tiempo a enseñar a su hijo el arte de la pesca, asegurándose de que el conocimiento y el amor por esta práctica se transmitan a la próxima generación. En su esfuerzo por mantener viva esta tradición en un entorno cada vez más complejo, Frank se erige como un ejemplo de resiliencia y esperanza, iluminando el camino para aquellos que siguen sus pasos en las aguas de Providencia.

