Texto y fotos por Laura Restrepo
En la serenidad de San Andrés y su ambiente relajante, María del Pilar Angarita Granados ha creado un espacio único que va más allá de la práctica del yoga; es un llamado a la conexión profunda con la naturaleza y con nuestro ser interior. Con el amanecer y el atardecer como telones de fondo, esta experiencia trasciende lo físico para tocar el alma y recordarnos nuestra verdadera relación con el entorno.
Para María del Pilar, el yoga significa «unión», una filosofía que se extiende más allá de la unión con uno mismo para abrazar una profunda conexión con la naturaleza. A través de su enseñanza, busca despertar una consciencia sobre cómo nuestras acciones impactan no solo en nosotros mismos sino en el mundo que nos rodea, incluida la naturaleza.

«No somos amos de la naturaleza, somos parte de ella», afirma, resaltando la importancia de cuidar y amar nuestro entorno como extensión de nuestro bienestar.Este espacio surgió como un faro de esperanza y sanación después de la pandemia y el huracán Iota, en un momento en que la isla y sus habitantes anhelaban aprender a relajarse y manejar la ansiedad, la depresión y el estrés.
Lo que comenzó como clases informales en el parque Sarie Bay se ha transformado, tres años después, en un encuentro regular tres veces a la semana, ofreciendo sesiones los lunes y jueves a las 6 de la tarde en el Tropical Park, y los miércoles a las 6 de la mañana en Ginny Bay.

María del Pilar, quien ha practicado yoga por 20 años y se certificó durante la pandemia, ve esta práctica no como un medio para el lucro, sino como una oportunidad para dar. Por ello, aunque inicialmente ofrecía clases gratuitas, ahora acepta donaciones que se destinan a causas benéficas, como el cuidado de los animales en la isla, demostrando así que el yoga puede ser también un canal para la generosidad y el apoyo comunitario.
«No dejes para mañana cuidarte. Dedícate un rato para ti mismo; invertir en ti mismo da frutos para toda la humanidad», nos recuerda María del Pilar. Su iniciativa no solo ofrece un espacio para la sanación personal y la conexión espiritual, sino que también inspira a la comunidad a unirse en el cuidado del medio ambiente y el bienestar colectivo, reafirmando que la verdadera esencia del yoga reside en la unión de cuerpo, mente, espíritu y naturaleza.


