Los pastos marinos del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina son uno de los tesoros menos visibles pero más valiosos de la Reserva de Biosfera Seaflower, declarada por la UNESCO como un patrimonio natural de la humanidad.
Estos ecosistemas cumplen múltiples funciones: actúan como sumideros de carbono, capturando hasta cinco veces más CO₂ que los bosques terrestres; sirven de guardería natural para peces, crustáceos, moluscos y tortugas marinas; y además estabilizan los sedimentos, ayudando a mantener las aguas cristalinas que caracterizan a las islas.
Su cuidado es esencial no solo para mantener la biodiversidad marina, sino también para garantizar la seguridad alimentaria y económica de las comunidades locales que dependen de la pesca artesanal y del turismo.
Por eso, los recientes monitoreos realizados en Old Point y Cotton Cay representan un paso clave para evaluar la salud de estos ecosistemas y generar información que permita reforzar la resiliencia ambiental en el archipiélago.
En la Reserva de Biosfera Seaflower, cada pradera de pasto marino es un recordatorio de que la vida en el mar y en tierra están profundamente conectadas. Su conservación es vital para el presente y el futuro de las islas.

