Los últimos meses no han sido fáciles para el Archipiélago. La salida de operación de varias de las principales aerolíneas con rutas hacia la isla significó una clara disminución en la llegada de turistas al Departamento. De un momento a otro, la bonanza turística se transformó en una macabra escena en la que la economía trastabillaba.
Las soluciones parecían lejanas. Muy lejanas. Empero, a la palestra surgió la idea de incluir a San Andrés Zona Especial de Desarrollo Fronterizo con el cual poder aspirar a una serie de alivios tributarios que permitieran retomar lentamente la frecuencia de vuelos hacia las islas. La espera se alargó por meses…pero acabó. El decreto que establece a la isla como Zona Especial de Desarrollo Fronterizo es una realidad y de ahora en adelante sigue un largo trayecto de recuperación económica.
Volver a lo de antes; o quizás a un lugar mejor, ese es el norte a seguir. Construir sobre una sociedad lastimada para hacerla más fuerte es la aspiración. Ser Zona Especial de Desarrollo Fronterizo no es la solución de todo, pero sí representa una esperanza entre el panorama lúgubre que atravesaban las islas.
Muchos retos surgen y es por eso que la tarea de todos será fundamental para impulsar el Archipiélago hacia aguas más tranquilas e ir retomando, poco a poco, lo que la crisis aérea nos dejó. Las enseñanzas sobre valorar al visitante deben ser escarificaciones que cada isleño deberá llevar amén de fomentar una cultura de atención al turista que lo impulse a regresar.

