Por Jorge Muñoz Pedraza
En los años previos a 1997 cuando filmamos para el ministerio de cultura ‘Sirenas en San Andrés’, se había reportado en el Caribe cerca de 250 apariciones en un periodo de ocho años. Esta cifra sirvió de estímulo para investigar durante meses, la aparición de una sirena en la Cueva pozo de Rock Hole, situada en el ancestral barrio que lleva el mismo nombre de la cueva. Encontré cerca de 50 personas que declararon, y las filmamos, que habían visto a la sirena, o la cola de la sirena al momento de lanzarse al pozo para huir de su fugaz contemplación.
En cambio otros tres de los residentes de ese sector, tuvieron ese encuentro cercano con lo fantástico: un ciudadano a quien llamaban Papa Noel, porque en cada Navidad fungía como tal y alegraba a los niños de la época con su disfraz, otro era el bailarín Kent James, aún vivo y maltratado por múltiples accidentes y el ultimo de ellos, un deportista integral a quien la vida lo situaría en las calles de San Andrés contando historias fantásticas de las islas y apelando a inventos curiosos como la bicicleta sin llanta o un violín invisible con el que nos regalaba conciertos en la peatonal.
De los tres, solo logramos entrevistar para el documental a Kent James, quien nos describió a la sirena con su música embrujadora, unos ojos mágicos y el peine de oro que llevaba prendido a su larga cabellera.
Papa Noel se negó tajantemente argumentando motivos muy particulares y Dum Dum, quien saldría a esconderse apenas llegamos con las cámaras en las inmediaciones donde hoy se construye el mercado comunitario.
Recuerdo, como si fuera ayer, al difunto Darío León, uno de los buenos buzos de todas las épocas y a Braulio Ascarate, quienes realizaron el trabajo de filmación y reconocimiento de la cueva y a la multitud de curiosos del sector agrupados al pie del equipo de filmación.
Siempre me pregunté por aquellos días, cómo, y en caso de que la magia se sobrepusiera a la realidad, cómo haría una sirena para venirse desde el mar y salir en el pozo de Rock Hole. Debería existir una conexión entre el mar y el pozo.
Una semana después que el ministerio de cultura difundiera el video en el canal 13, apareció en la isla un italiano, cuyo oficio era precisamente estudiar el mundo fabuloso de las cuevas en todo el mundo. Dijo haber visto el documental y por ello había venido a San Andrés, aperado con todos los instrumentos y herramientas adecuadas para emprender una exploración por el mundo de las cuevas de la isla. Me enseñó a mí, y a otras personas con las cuales departía, fotos de la caverna que yace hace millones de años debajo del pozo, que había alcanzado a descender en una diagonal en dirección al mar unos 800 metros, pero que ante la carencia del gas requerido y de más línea, había suspendido la excursión subterránea para posteriormente regresar con un equipo de espeleólogos italianos.
El asunto es que existió una conexión subterránea entre la costa y el pozo y esa conexión se interrumpió cuando se adelantaron los trabajos de relleno de la isla a cargo de la Vam Suramericana, antes de 1969 para ampliar el área continental y sanearla de malaria y dengues.
En estos momentos cuando se construye sobre el techo de la caverna un mercado comunal y en el Senado de la República, se encuentra en estudio un proyecto de protección de las cuevas en todo el país, pienso si no valdría la pena esa incursión por el mundo de la sirena de Rock Hole y hallar y recuperar esa unión real y mítica comunión entre el mar y la Cueva pozo de Rock Hole y definir así un proyecto para elevar a este hermoso sitio a patrimonio cultural, ambiental y turístico de la isla.
Foto: Sirena del escultor Ferro.

